viernes, 14 de noviembre de 2025
2025. XXXVIII Festival Flamenco de la Campiña de El Rubio
El Rubio y el pulso del flamenco
Crónica del Festival Flamenco
de la Campiña – 27 de julio
de 2025
El Festival
Flamenco de la Campiña no es un escaparate al uso. En El Rubio, desde finales
de los años ochenta, el flamenco no se programa: se convoca. Cada verano, la
caseta municipal se transforma en un espacio donde el cante, el toque y —cuando
aparece— el baile dialogan con un público que no va a dejarse impresionar
fácilmente, pero sí a escuchar con respeto. La edición del 27 de julio de 2025
volvió a confirmarlo, con una noche irregular, humana y muy reveladora.
Abrieron la
velada Carmela Espinosa & Bebe Espinosa,
una apertura que funcionó como declaración de intenciones. Sin artificios, sin
necesidad de levantar la voz más de la cuenta, supieron crear un clima de
cercanía inmediata. Carmela aportó conocimiento y templanza; Bebe, frescura y compás. Fue un comienzo cálido, de esos
que colocan al público en su sitio y recuerdan que el flamenco también se
sostiene desde lo familiar y lo cotidiano.
El segundo turno
fue para Vero Monge, acompañada a la
guitarra. Su actuación dejó sensaciones encontradas. Hay materia prima en su
voz, una búsqueda clara de un lenguaje propio, pero el resultado se quedó a
medio camino. Faltó continuidad y, en algunos pasajes, convicción. El toque
cumplió sin sobresalir y el conjunto pasó sin terminar de agarrarse al
ambiente, que ya empezaba a exigir algo más de peso.
Con Alicia Gil llegó uno de los
momentos más sólidos de la noche. Su cante, sereno y bien dicho, se apoyó en
una manera de estar en escena que no necesita gestos grandilocuentes. Alicia
cantó desde la experiencia, cuidando el texto y los silencios, construyendo
poco a poco una actuación que fue creciendo sin prisas. El público lo
agradeció, y la conexión fue clara.
El relevo lo
tomó Mari Peña, que ofreció un cante
firme, reconocible, sin caer en la tentación
del efectismo. Su intervención tuvo momentos de especial hondura, sobre
todo cuando apostó por los tiempos más
reposados. Se notó oficio, conocimiento del escenario y respeto
por lo que se estaba compartiendo. Fue una de las actuaciones más equilibradas
del cartel.
La aparición de Manuel de Angustias,
anunciada como uno de los reclamos de la noche, generó expectativas que no
llegaron a cumplirse. Su intervención fue breve y claramente decepcionante. No
hubo desarrollo ni profundidad suficiente para sostener su nombre, y el cante
pasó casi sin dejar rastro. Más que una mala actuación, fue una sensación de
oportunidad perdida, algo que el público percibió con rapidez.
El fin de fiesta puso el broche a la
noche en un tono más distendido, cumpliendo su función de cierre colectivo, aunque sin lograr
borrar del todo la irregularidad previa. En este contexto, también llamó la
atención la escasa presencia de la bailaora, cuya intervención fue mínima y
fragmentada, descolocando a parte del público que esperaba un mayor
protagonismo del baile.
Aun así, el
Festival Flamenco de la Campiña volvió a demostrar por qué sigue siendo una
cita relevante en la provincia de Sevilla. Entrada gratuita, barra solidaria
destinada a parroquias y hermandades, y una organización sostenida por el
Ayuntamiento de El Rubio con la colaboración de la Diputación de Sevilla. Un
modelo que prioriza lo comunitario sobre el lucimiento.
El flamenco no
siempre es cómodo ni perfecto. En El Rubio, al menos, sigue siendo real. Y eso, hoy en día, ya es mucho.




